|


Hace tán solo, tán solo no amor, tanto tiémpo qué no siento tus manos acariciando mi píel tús labios recorriendo cada surco de
mí qué al escuchar tu voz... ay amor, mí cuerpo en fuego arde. Tús palabras erán susurrantes, me incitabas al amor... a ése amor que tú y yó, bíen
sabemos, lo qué produce en núestra píel, la fusión de éste creciente plácer. Necestio seguir escuchandote... mientras mís manos mé acarician, imaginandome tus manos, qué mis sentidos se excitan,
igual... cómo me excitas, con sólo
acariciarme. Y en ese mómento núestro... siempre tán culminante, mí fantasía vuela hacía tu mastil, qué erguido y exultante... mé pedia ser amado... mé pedia... todo me pedia. Dejamos volar nuestra fantasía... mí húmedad era creciente, tú calor y pasión la de siémpre, haciendonos el amor, como, ayer, como hóy y como siémpre. Hace tán sólo, tán solo no amor, hace tán solo dos días, qué tú fuego y pasión, no me adentras, qué tán solo con tú voz... todo mí cuerpo en deseo conviertes. Hace tán solo, tán solo no amor, hace tán solo dos días, y mi deseo es cada día más
creciente.
© LYDIA GOMEZ FERRER.

 



|