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Saliste de casa...., lleno de
vida,
desafiando a tú suerte,
desafiando a la muerte
en tú bonita moto, con tú casco
integral en el manillar, sintiéndote libre..., sintiéndote
inmortal.
Repitiendo una y otra vez....
"A mí no me ocurrirá, no, a
mi... no"
el viento es mi amigo, la
carretera también.
Te quiero mama... un beso... luego
vendré
 Saliste de casa, lleno de vida
desafiando a tu suerte, desafiando
a la muerte,
pues jamás volviste... tú vida
segaste... la perdiste.
Recogiendo tú cuerpo inerte y
destrozado
aquellos que tantas y tantas
veces, te decían:
La prudencia es tú vida, el casco
tú salvación...
aquellos que tantas y tantas
veces, te amonestaron
por intentar salvarte, de
este terrible y triste final.
 Ay hijo.... también mi vida has
segado,
en mis días ya no luce el sol
desde aquel fatídico día... que
aquellos policías
que tantas y tantas veces te decían:
La prudencia es tú vida, el casco
tú salvación
que al hacerme entrega... con
pena... con dolor...
con rasgos de impotencia, sin
apenas sonido en su voz, "de tú casco, que podía
haber sido tu salvación"
cuando aún no habías cumplido
los dieciséis.
 Ay hijo mío, las lagrimas que
derraman mis ojos,
lagrimas de sangre son,
de quererte tanto....y de ya no
tenerte,
porque ya no puedo... porque ya te
fuiste,
cuando aún no habías cumplido
los dieciséis.
 Ay hijo mío, no llegaste a tiempo
de entender,
que en el juego de la vida todo
tiene su lugar...
Tú jugaste a desafiar tú
suerte....
jugaste con el destino a ser
inmortal...
cuando aún no habías cumplido
los dieciséis
©
LYDIA GOMEZ FERRER

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